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EL APEGO
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Mensaje EL APEGO 
 
He  reflexionado mucho sobre la  enseñanza: “Renuncia a todo y todo se te dará”. Creo que es una fórmula tremendamente poderosa para la libertad y el gozo en la vida. Cada  vez que he puesto en acción este  principio, ha  funcionado. Siempre que dejo ir  algo, Dios  me  devuelve, me  ofrece algo mejor o me demuestra que es mejor no  tenerlo. He observado una  y otra  vez  cómo Dios  siempre nos  da  lo mejor sin que nadie tenga que pagar  por ello.

Curiosamente, sólo  tendremos aquello a lo que e estemos dispuestos a renunciar. Si no estamos dispuestos a  dejar algo, se  convertirá en una fuente de ansiedad y amenaza. Si te  resistes, persiste. La  segunda parte de las  enseñanzas de  Jesús era: “Humillados  serán exaltados”.

Este  principio también se aplica a personas  y relaciones. Una  relación basada en la  dependencia, la  posesión y el apego no puede funcionar porque  causa  preocupación, temores y amenazas continuas.  Los  momentos de satisfacción en una relación de este  tipo son ilusorios, pues  siempre conducen al  dolor. Si el “es  mío (a)” puede  brindar gozo, el “la/lo estoy perdiendo” nos producirá  dolor. Sólo cuando nos  vinculamos a la gente y a las  cosas con levedad disfrutaremos verdaderamente de ellas. La  vida es un  continuo  fluir en ambas  direcciones. Las  personas y  cosas que  entran en nuestra  vida, saldrán  de ellas. A  veces  se quedan un momento, otras toda la vida. Nunca  sabemos  cuanto tiempo  permanecerán ni tenemos un modo de decidir por  cuánto tiempo  compartiremos el viaje con la otra  persona. La  clave de la  felicidad es  disfrutar de la  relación mientras dure, otorgándole a la  persona y a la relación completa libertad para evolucionar y seguir su camino de acuerdo con los  planes  de  Dios. Aferrarse a  algo o a alguien nunca es  bueno, pues depara dificultades tanto al que  desea  poseer como al que se siente poseído. La  posesión compone el noventa  por  ciento de las  leyes humanas, pero no ocupa ni una  décima parte de las  divinas.

Si sentimos  dolor ante la ruptura de una relación, no de debe a la  pérdida de esa  persona, sino a nuestro apego. Cuando dejamos de aferrarnos, el dolor  desaparece.  Tal vez Dios sea responsable de la  pérdida, pero nosotros  lo  somos del dolor.  Puede que suene  severo, pero es  cierto. A la larga, es mucho mejor dejar ir.  ¿Acaso no es mejor sentirse libre y feliz que dependiente y apenado?

La ruptura  de una relación es una oportunidad para poner en práctica el precepto “Deja ir, deja  hacer a Dios”. Es decir, acepta que Dios actúa por nuestro  bien y nunca en contra  nuestra. En dicha situación asumo que Dios no rompería la relación a menos que tuviese una  buena razón para ello y que al  finales, en realidad, también un principio. Tal  vez nos espere algo mejor. Tal vez hayamos aprendido y recibido todo lo que era  posible de esa relación, y ahora es el momento de  crecer bajo nuevas  circunstancias. Las cosas tienen que ser así: Dios  no cometería un error con la vida de sus hijos.

Debemos  renunciar a lo viejo para dar  cabida a lo nuevo. En  otras  palabras: sólo cuando dejamos de aferrarnos al pasado, podremos aceptar plenamente las  bendiciones que se nos ofrecen en el presente. El apego a una idea o  experiencia es igual que aferrarse a una persona u objeto. Nos aleja del aquí y del ahora y nos impide experimentar el momento con plenitud. Con demasiada frecuencia nos aferramos a los  recuerdos de los “viejos  tiempos”, cuando “éramos felices  de verdad” y todo iba  sobre  ruedas. Siesos días eran tan  buenos, ahora no sentiríamos pena ni le echaríamos de menos, porque lo que es bueno nos libera. Si  aún estamos apegados a una experiencia significa que esta no fue verdaderamente liberadora. Los  buenos tiempos son aquellos que nos mostraron que éramos libres de vivir plenamente en cualquier momento, inclusive y especialmente en el ahora. Si disfruté de algo de una manera que su ausencia ahora me apena, no disfruté adecuadamente, porque la experiencia me ha  conducido al sufrimiento en vez de a la  libertad. Disfruté del  elemento del elemento mortal y cambiante de la persona o del objeto, y ese elemento nunca aporta paz.  Sólo el aspecto Divino, eterno e interno de una experiencia nos aporta verdadera felicidad. Cuando evoco recuerdos que venero, no me inunda una sensación de pérdida, pues esas experiencias hicieron visible la luz que ahora  vive  en mí.  La Luz ya estaba allí, está aquí ahora y lo estará  mañana. No es la persona o la  experiencia lo que cuenta: lo verdaderamente preciosos es el espíritu y éste está presente en todas las experiencias. Las personas y los acontecimientos son un poco como tazas, vasijas a  través de las  cuales Dios  nos envía amor y  enseñanzas amorosas. La  taza  se puede agrietar, romper o decolorarse, pero Dios, que nos la  dio, tiene una provisión infinita de nuevas  vasijas en su despensa Divina.

Cuando nos aferramos a  una  persona mediante el resentimiento, nos encadenamos a ella con los pensamientos y recuerdos. El río de la  vida nos  conducirá al océano, pero nosotros nos agarramos a la primera roca que nos encontramos en el camino. No podemos cambiar los acontecimientos del pasado, pero siempre podemos cambiar  nuestra manera  de interpretarlos. Podemos considerar a las personas que en apariencia nos causaron dolor y   dificultades como maestros capaces de presentarnos retos a superar para desarrollar más  fortaleza personal.  Cuando nos damos  cuenta de que el problema no radicaba en ellos sino en nuestro modo de percibirlos, además de liberarnos a  nosotros, los liberamos a ellos.

Nos resistimos a la vida porque no percibimos nuestro mejor  interés. Es poco común saber de  antemano la  forma en que una experiencia particular encajará ene. Plan global de nuestras  vidas. Con frecuencia existe una diferencia entre lo que creemos que es  bueno para nosotros y lo que Dios sabe ques es bueno. La historia  de José es una  ilustración magnífica de esta verdad.

Me  gusta  creer que Dios siempre busca lo mejor para nosotros. Es  difícil  verlo desde  un punto de vista limitado, pero resulta muy fácil y natural desde una perspectiva más  amplia. Se  dice que “la oración es la contemplación de los  hechos de la vida desde la perspectiva más elevada”. Cuando contemplamos nuestras  experiencias a través  de los ojos  divinos, podemos ver la esencia de la bondad en toda  experiencia, y la  renuncia no es ya una desdicha que temer, sino una oportunidad que abrazamos porque nos llenará de algo  maravilloso.

Y  no se trata de renunciar a las  cosas, sino a nuestro apego. Podemos separarnos de ellas  físicamente, pero si mantenemos un vínculo mental, más  vale que nos quedemos con ellas hasta que aprendamos a dejarlas ir.

Cuando abandone este mundo no deseo estar apegada a nada, ya sea persona, objeto, filosofía o deseo. Anhelo dirigirme hacia la Luz  sin demoras en los senderos locales. Oro para dejar   atrás todo mi equipaje y tener los brazos libres para  abrazar a Dios, sólo  a Dios. No deseo  regresar porque algo me ate a este mundo, sólo deseo volver a servir. Nunca he hallado placer  verdadero o duradero en ningún objeto o persona. Lo irónico es que  cuanto más  renuncio a los apegos, más capacidad tengo para amar y disfrutar de las personas.

En última  instancia, debemos renunciar también a  nuestros esfuerzos. Un sabio dijo: “Renuncia a tus ansías de  crecer”. Esforzarnos por  crecer es una etapa  necesaria en el camino, pero al final debemos aceptar la plenitud de la  Fuente que existe en nuestro interior y renunciar a la ilusión de la búsqueda.  Mientras continuemos contemplando a Dios, a la Paz o la  Conciencia como algo fuera  de nosotros, no llegaremos a conocerlos de verdad. Tan pronto descubramos al  Dios interior, nuestra búsqueda concluirá, porque sabremos que EL siempre estuvo  con nosotros y  siempre lo estará.  Para  mi  lo más  importante es  transformarse cada  día  más  en CRISTO.


Con  amor… Luz.

  



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Mensaje Re: EL APEGO 
 
Qué hermoso......................................................
Grácias Luz.
  



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Mensaje Re: EL APEGO 
 
me han encantado su articulo sobre el apego,
quiero decirle que ahora mi trabajo es aprender el desapego porque
precisamente ese es mi problema que amo y necesito demasiado a los
demas, y aunque estoy consigiendo desapegarme, todavia me queda mucho camino
por handar.     soy nueva,   mucho amor para todos.    CAMELIA
  



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Mensaje Re: EL APEGO 
 
Hola  juani bienvenida..

Lo importante es que estas consciente de ello y ya ese es el primer paso para  un cambio "El darte cuenta"...  el apego preciosa, genera sufrimiento..porque sabes todo en la  vida es  ciclico...  todo tiene  un principio y un fin.. eso es lo unico seguro... en consecuencia  que lindo es estar consciente de ello  y fluir.. simplemente eso..¿sabes que hago cuando me siento apegada a algo?...  pues es simple... me imagino  una  hoja de arbol en otoño  cayendo oscilante y siento una gran paz... pienso que  es hermoso cumplio su ciclo y ahora  viene a abonar la tierra...es decir  se funde con la tierra... y a si me lo imagino .. que  me  fundo con el todo.. cuando  simplemente  fluyo...

Con amor... Luz. Mr. Yellow

  



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Mensaje Re: EL APEGO 
 
Muy bueno, gracias.
  



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Mensaje Re: EL APEGO 
 
hola es muy bueno lo que escribiste, yo tengo un problema similar a eso y la verdad si estoy sufriendo pero ya no quiero hacerlo, quiero salir adelande y ser feliz como tu dices
  



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