He conocido el centro del cosmos. Es una pequeña casita donde se acoge a todo el mundo. Se desprende tanta energía como en el Big bang. Es tanta la fuerza de atracción que desorienta hasta las orugas de procesionaria. Estas orugas buscan un buen lugar para pasar uno o dos veranos; según sean de adversas las condiciones climáticas.
¿Por qué quieren enterrarse en la casa? Tienen que mantenerse en estado de reposos para proceder a su metamorfosis, transformación en mariposa al final del verano.
Todos los que vamos allí estamos en proceso de metamorfosis, para salir libres, volando sin lastres ni apegos. Son momentos de recapacitación y expansión. El amor se nota a tu alrededor y te dejas llevar.
Pero aunque las orugas acudan en procesión a enterrarse, de forma individual cada una realiza su propia metamorfosis.
Es fácil seguir el rastro hasta el lugar elegido; es más difícil prepararte para formar la crisálida y encerrada en esa casulla conocerte y preparar las patas, las alas para el momento del despegue hacia el cielo inmenso, de dentro hacia fuera, de lo interno a lo externo.
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Cuando tú ames lo que eres, sin importar cómo seas, entonces conocerás esta magnífica esencia que yo amo, que se halla detrás de todos los rostros y dentro de todas las cosas













