Siempre que amas estás contento. Cuando no puedes amar, no puedes estar contento. La alegría es una función del amor, una sombra del amor; sigue al amor.
Por tanto vuélvete más cariñoso, y te volverás más alegre. No te preocupes de si tu amor es correspondido o no; eso no tiene nada que ver. La alegría sigue al amor automáticamente, con independencia si es o no correspondido o si la otra persona responde o no. Ésa es la belleza del amor, que su resultado y su valor sean intrínsecos. No depende de la respuesta del otro, es tuyo por completo. Tampoco importa el objeto del amor: un perro, un gato, un árbol o una roca.
Siéntate junto a la roca y sé afectuoso. Conversa un poco. Besa la roca y acuéstate sobre ella. Siéntete uno con ella y repentinamente experimentarás una sacudida de energía, un surgimiento de enrgía, y serás inmensamente feliz. La roca no te habrá devuelto nada, o tal vez sí, pero ese no es el propósito. Te alegraste porque amaste. Quien ama es alegre.
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Cuando tú ames lo que eres, sin importar cómo seas, entonces conocerás esta magnífica esencia que yo amo, que se halla detrás de todos los rostros y dentro de todas las cosas














